Que la política va perdiendo la solemnidad palaciega que la caracterizaba, antes e inmediatamente después de la dictadura de Juan María Bordaberry, los blancos baratos y los militares, es cosa corriente.
El estilo descontracturado, juguetón, populachero y, hasta infantil, no es asunto tan reciente.
Lacalle Pou, el candidato incubado en los retiros del Partido Nacional, hace discursos vacuos -sin sustancia proteica-, como anunciador de un reino ignoto. Guarda la corbata blanca y herrerista en el bolsillo y, cual un polluelo travieso, se prende -en un ejercicio circense- de una columna del ornato público, hace una bandera humana y cierra su ejemplo para escolares osados, que lo imitarán como a un batman oriental (del río Uruguay). Pero, lo que inventó, ya era cosa probada.
Cuando José “Pepe” Mujica fue diputado, en su despacho vidriado del edificio anexo al Palacio Legislativo, colocó enormes bandas de papeles escritos en computadora, inaugurando los grafitis parlamentarios. Denunciaba y alborotaba el avispero.
Subía a los ómnibus del transporte colectivo y, vestido de “hombre sándwich” (con un cartel al frente y otro a la espalda), hacía arengas políticas. Asimismo, por esos tiempos, calificó de “bobo” a aquel hombrecito tan solícito (con algunos) llamado Néber Araújo…
A contrapelo del actual “cuadro pintoresco” -como decía la canción gardeliana-, Pedro Bordaberry esgrime su coloradismo filoriverista contra los neobátllicos de Amorín Batlle. Entre dos platos, nada. Apenas un librillo electoral para intentar retener a un desconsolado 15% de eventuales votantes. Sí, los que supuestamente se largarían a nado buscando “al hombre” que bata mejor la estructura mandibular.
Tanta es la pobreza que, creyendo poco en el MIDES (Migajas para el Desconsuelo), toda esta buena gente -de los 4 partidos- ya asignó, de presidente para arriba, para abajo y los costados, las retribuciones por el régimen de ajustes vigente, para los 5 años por venir. De otro modo: un porvenir que les asegura vituallas abundantes a vencidos y vencedores. Para esto tampoco hay debate.
Es posible recordar un poquito más.
Ante la aparición de Tabaré Vázquez los frenteamplistas no se conmovieron. Ni por la presencia de Doña María Auxiliadora, ni por autoproclamado Raúl Sendic, quien urgentemente planteó querer la silla de postulante a vicepresidente, por los votos rastrillados en la interna del FA.
El hecho es que Vázquez camina, camina y camina, barrio por barrio, cual testigo de alguna religión. No solo la Lic. Constanza Moreira y su banda femenina le piden cuentas. El otrora presidente también recibe chumbazos de animados protestantes. Cansados, le espetan lo que guardaron -con fiel silencio y como en misa- durante tanto tiempo.
Operaciones Unitas, expediciones “multilaterales” a las repúblicas del Congo y Haití, amistad con Bush (hijo) y pedido de respaldo militar ante la tensión con Argentina. De esto último, los frenteamplistas resultaron los últimos en enterarse porque los primeros fueron los púberes del “Colegio Monte Sexto”, brazo operativo del “Opus Dei”…
Otra pildorita: Renuncia al Frente Amplio del Dr. Gonzalo Fernández, “su” secretario presidencial y canciller, quien se negó a declarar ante una junta de conducta política. Los chupetines abundan y son de variado tamaño.
El caviloso Dr. Vázquez tras un retiro, que más pareció ser una autoflagelación, supo resurgir. Escogió hacerlo con cofrades de la “Universidad de Montevideo”, sustentando un libro sobre el aborto. Y se integró al 9% que estuvo contra la ley elaborada por su partido, el FA.
Nada pasa porque si. El candidato presidencial llegará o no. Ahora arrastra penosamente los maderos de su cruz. Ahí va. A los tumbos y cuesta arriba. ¡Nada de festejos!
Signos de marchitamiento y dificultades notorias. Aparece esfumándose la carta vazquista de una mayoría parlamentaria autónoma, para hacer “política de partido”.
También esto huele a otra cosita. Si hubiera balotaje -segunda vuelta-, blancos, colorados y algún agrupamiento más, podrían arrojarlo desde la roca Tarpeya.
Las inconsecuencias políticas se pagan. Más tarde o más temprano. Le acontece a “la izquierda oficialista” que luce casi al borde del nocaut.
Ello por no haber estado a la altura de un desafío histórico no cumplido.-
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