ANIMALES IMPERIALES
La fábula del tiburón y las sardinas no fue asunto escogido en los clásicos relatos del griego Esopo. No la recuerdo en Iriarte. Tampoco en Samaniego o La Fontaine.
A propósito de animales que hablan ¿de qué podrían hacerlo el tiburón blanco, el pez más depredador (2.250 kilos y 4,50 mts de largo) y la diminuta sardina (entre 50 y 200 gramos, con un largo entre 11 y 30 centímetros)? Una especie de tiburón las atonta o mata para engullirlas con coletazos a una velocidad de 78 kilómetros horarios.
El expresidente de Guatemala Juan José Arévalo, quien traspasó la presidencia constitucional a Jacobo Arbenz, en 1950, fue un intelectual vigoroso, doctorado en educación. Soportó unos 30 alzamientos contrarios a medidas democráticas. En 1956 publicó la Fábula del Tiburón y las Sardinas. Dando actualidad a su visión, la obra se completaba con el rótulo: América Latina Estrangulada. Retrataba realidades opresivas. Nada de simbologías.
Con botas de siete leguas, parece esto suficiente para recordar que su sucesor, Arbenz, cuando proyectó afincar la expropiación de tierras improductivas en poder de la United Fruit Company (Ufco), nacionalizar redes ferrocarrileras, puertos, regular la aviación, conceder derechos y libertades recortadas, incomodó los intereses de la transnacional citada.
Algo intolerable para el tiburón cuya cabeza bicéfala estaba en Estados Unidos. No era otra que la de los hermanos Foster Dulles. John, Secretario de Estado y accionista de la Ufco y, Allen, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). En junio de 1951 ya la United Fruit ofrecía a la agencia recursos y logística para su labor saboteadora en la tierra maya.
Las operaciones golpistas PBFortune y PBSuccess, guiadas por la CIA, debían conducir al derrocamiento y eventual eliminación de Arbenz y colaboradores, así como a la implantación del coronel Carlos Castillo Armas. Ello ocurrió el 18 de junio de 1954. De ahí, en más, la gigante frutera vivió su gloria y el país en un baño de sangre permanente. Algunos analistas lo han calificado de genocidio, especialmente contra la población indígena.
Uruguay se pronunció solidario. En el gobierno de Martínez Trueba, en la Intendencia de Montevideo, en los partidos y en las juventudes universitarias. Tengo presente resoluciones oficiales, conferencias en el Paraninfo y manifestaciones. Hubo escritos de Juan José Arévalo en Marcha, de Carlos Quijano; visitas de Jacobo Arbenz; exiliados que fueron buenos amigos y, también, vigilancias policiales -con expedientes ubicables en Internet- sobre políticos y ciudadanos.
MIRADA A LA ISLA DE MARTÍ
El intervencionismo en las patrias chicas no solo alertaba. Generaba rechazos en distintas formas. Los caballos desbocados de Harry Truman (1945-53) y Dwight Eisenhower (1953-1961) establecían la hegemonía económica y agitaban el señuelo del anticomunismo. Eran execrables así, los pequeños grupos partidarios afines a la Revolución de Octubre y al estado soviético y, quienes sin serlo (aún en mi caso), repudiábamos la ingerencia militar, diplomática, económica de EE.UU., gravitando en nuestros países.
En torno a los países caribeños y Cuba -que es el país hacia donde avanzan estos someros apuntes- sabemos poco. Las simplificaciones han campeado. Más, los epítetos no puedan sustituir la historia de los pueblos, con sus sufrimientos, anhelos y luchas. Ni omitir colectivos y conductores.
Cuba se liberó de España tras una sucesión de guerras anticoloniales. La última, entre 1895 y 1898. La encabezaron José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez. La mitad oriental de la isla se liberó en pocos meses. Los suministros de azúcar cubano de España a EE.UU. y otros mercados se dificultaron. Navíos de guerra hispanos llegaron a sus costas, donde merodeaba la marina yanqui en funciones de tutela. La explosión del acorazado Maine, de USA, habilitó el pretexto norteamericano para declarar la guerra a los españoles e ingerirse con las fuerzas independentistas locales. La Enmienda Platt (1) nubló la soberanía de la isla y se acompañó de tomas territoriales. El famoso enclave de Guantánamo -denominado de “arrendamiento perpetuo”- viene de esta época. También el deseo yanqui de proteger Puerto Rico, hasta “estrellarlo en su bandera…
En 1933 el sargento Fulgencio Batista desbarató reformas soberanas con un movimiento militar y trabajó para obtener el poder absoluto. Inició su dictadura plena el l0.03.1952, con todas las miserias y crímenes imaginables.
Luego del fallido y luctuoso asalto al cuartel Moncada (26.07.1953), tras la prisión y tortura de los sobrevivientes, el grupo político dirigido por el abogado Fidel Castro renovó su voto e inició una nueva expedición con el barco Granma, insignia de la Revolución triunfante en 1959.
El tiburón, esta vez, coleteó sin poder tragar una escurridiza sardinita.
NOTA
(1): La Enmienda formulada por el senador Orville H. Platt, condicionó el retiro de las tropas estadounidenses de Cuba con normas ominosas como la siguiente: “Artículo VII: ...para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los EE.UU.”