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Por Walter Celina - 24 de Agosto 2016

LA CIENCIA EN STARMUS ‘16 - JILL TARTER Y LA INVESTIGACIÓN SETI - NOTA 5


El festival Starmus, de Tenerife, tuvo un importante capítulo de difusión mediante las crónicas especializadas del diario madrileño “El País”. Ellas posibilitaron contactar con la opinión viva de investigadores de altísima relevancia. No únicamente por los vínculos de estos con laboratorios de alta sofisticación sino porque, asimismo, tales cientistas integran núcleos en que el pensamiento avanzado traza sus más asombrosos desafíos.

EL COSMOS ES MÁS AMIGABLE

Jill Tarter -pesquisadora del espacio formada al lado de Carl Sagan- conversó en términos coloquiales, muy sencillos, al ser interrogada sobre el proyecto SETI (Search for Extra Terrestrial Intelligence - Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre).

Recordaba esto: “Hace muy poco hemos aprendido que hay más planetas que estrellas en la Vía Láctea. Es un cambio enorme para alguien de mi generación.”

E indicaba algo que hasta no hace mucho era la noción básica de cosmografía en escuelas y liceos del Uruguay: “Cuando estudiaba en el colegio solo se conocían nueve planetas. Ahora sabemos que cada estrella tiene al menos uno y que muchos de ellos están en la zona habitable.”

La idea de “habitable” se liga a la presencia de agua en estado líquido y a la posibilidad de vida.

Y continuaba: “Hace algunas semanas en el Instituto SETI decidimos comenzar un nuevo proyecto para analizar las 20.000 estrellas más cercanas a la Tierra en busca de señales, pues podríamos escucharlas aunque fueran débiles.

La mayoría son estrellas M, de una décima parte el tamaño del Sol. Si hay planetas habitables, tendrán que estar muy cerca del astro.”

Y remató, con algo impensable cuando el SETI tomaba forma, en 1959, para rastrear señales de vida inteligente en el espacio: “Ya no buscamos una Tierra 2.0.” Efectivamente, ahora está confirmado que, más allá de nuestro planeta, existen orbitando otros similares.

Analizando estos descubrimientos reflexionaba sobre la búsqueda de civilizaciones extraterrestres: “Solo los fundamentalistas tienen problemas en aceptar que haya civilizaciones extraterrestres”, agregando “Los exoplanetas y los extremófilos (1) han hecho que el cosmos parezca más amigable a la vida. Ahora estamos deseosos de averiguar si realmente lo es. Es un gran momento para pensar en vida más allá de la Tierra. Los próximos 50 años van a ser extraordinarios.”

¿EXPLORAR Y/O CREER?

Prosiguió Hill Tarter: “Entre el 2% y el 25% de las estrellas como el Sol tienen planetas como la Tierra en la zona habitable. Durante milenios les hemos preguntado a sacerdotes y filósofos qué deberíamos creer sobre la vida más allá de nuestro planeta. Ahora, los científicos y los ingenieros tienen las herramientas necesarias para averiguarlo realmente. Es la exploración científica en su punto culminante.”

Y en el coloquio, surgió una pregunta que caía por su peso: ¿Cuál podría ser el nuevo posicionamiento de las religiones ante la pluridiversidad del espacio?

Sin dramatizar sobre las incongruencias que resultan de los hallazgos científicos con ciertos textos, manifestó: “He pasado toda mi carrera intentando que la gente deje de creer y empiece a explorar, al menos en mi campo de trabajo. Las religiones organizadas, en todas sus variantes, tienen ideas diferentes, pero las más antiguas han sido muy flexibles durante milenios. Han sabido asumir los cambios en las cosmologías; de lo contrario, no seguirían aquí. Así que podrán asumir la existencia de civilizaciones extraterrestres.”

El diálogo retornó a un aspecto más concreto como dónde podría situarse la búsqueda de civilizaciones ignotas. Explicó: “Los sistemas multiplanetarios en el catálogo del telescopio Kepler intrigan. Muestran que hay muchas maneras de formar sistemas planetarios. Las arquitecturas son rarísimas. Además, ahora sabemos que hay planetas solitarios, expulsados de sus sistemas solares como si fueran bolas de billar. Con el mapeo actual no nos limitamos a planetas en la zona habitable.”

Es saludable para el pensamiento autónomo y para el desarrollo de la educación y la cultura acompañar el paso de los científicos.

NOTA

(1): Los extremófilos son microorganismos unicelulares, similares a las bacterias. De morfología procariota (con material genético disperso en el citoplasma y sin núcleo), viven en ambientes totalmente hostiles para los humanos. Pueden volver a la vida tras letargos de 32.000 años. Planetas cubiertos por océanos podrían albergar estas especies resistentes.

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