Hubo un Frente Amplio fundacional por el que Tabaré Vázquez no pasó. Existió un Frente Amplio seregnista -sostenido desde la cárcel por el “General del Pueblo”-, reconstituido en los años postdictadura, al que el hoy mandatario recién se asomó en la etapa de impugnación a la ley de caducidad y, ahora dieron vida a otro. El de la versión bicéfala Vázquez-Mujica, que tiende a descoserse. Sin cabeza orientadora, sin consistencia principista y anodino, deja un brazo y una pierna para el presidente y los otros dos para la casa parlamentaria en que habita el ex presidente.
Todo tiene consecuencias.
A diferencia del gabinete del primer gobierno de este partido, el actual está compuesto por adláteres vazquistas. El anterior mostraba en las distintas secretarías de estado elementos representativos -en aquella hora- de los diversos agrupamientos de la coalición.
Tras las últimas elecciones el presidente resolvió -por sí y ante sí- quienes serían sus colaboradores inmediatos. Desde luego, matizó políticamente la selección. Algunos quedaron en la vereda, a la intemperie. Descartados.
Los acompañantes del grupo ministerial no están en nombre de sectores. Su representación es bien difusa y hasta personal.
Aparece así una primera e importante debilidad.
La segunda tiene que ver con quienes pudieran apuntalar al ejecutivo en el parlamento. La desventaja vazquista es grande.
Nueva mirada a lo anterior: ¿Tienen los ministros, de por sí, una real representación política, sostenida en votos propios? La pregunta podría repetirse, una y otra vez, sobre cada uno de los integrantes del gabinete y el resto del séquito.
Tómese, a modo de ejemplo, el caso de la Dra. María Julia Muñoz. Hace mandados, como una “delivery” presidencial. Ríe con fementida jovialidad, cada vez que tiene frente a si las cámaras de televisión. Es festiva por excelencia. Acaba de ofrecer su último bailecito en la Biblioteca Nacional.
Mientras, miles de trabajadores y estudiantes cubren con manifestaciones de protesta las calles; las asambleas deben hacerse en espacios públicos abiertos; decenas de locales de enseñanza están ocupados; las clases están interrumpidas por doquier. Pero la ministra de Educación parece estar en una feria.
¿El presidente Vázquez no advierte que esto es un mamarracho?
Peor todavía. Sus personeros hicieron una mueca a la negociación colectiva en el sector público a fin de desembarcar, en el Poder Legislativo, con un presupuesto quinquenal ya cocinado, a tapas cerradas.
Maniobraron con docentes y funcionarios sabiendo que iban a tener debida respuesta. Y, cuando esta vino, decretaron la “esencialidad de los servicios”.
No ganan docentes ni funcionarios. Ni alumnos, ni padres. Generaron una resistencia mayúscula. Erraron de punta a punta. Políticamente han perdido. Y han quebrantado el buen clima de convivencia que un gobierno responsable debe preservar.
Desempolvaron decretos mal nacidos, de triste memoria. Si no procuran soluciones, en base a acuerdos leales con el mundo laboral, meterán al país en un pantano.
¿Qué harán Tabaré Vázquez y su triste elenco si no arreglan este entuerto?
La pregunta es pertinente.
Lo demás, ya lo hemos vivido. Con “medidas prontas de seguridad” no se gobierna.
El doble discurso -con invocaciones al diálogo y agite de bastones- trasluce aires cesaristas.
Están perforando la democracia. ¡Recapaciten!
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